martes, 11 de enero de 2011
lunes, 31 de mayo de 2010
¡Qué viva la música! Parte I
Creo que dentro de algún tiempo volveré a escribir sobre este tema. Con la poca audencia que tengo y la poca frecuencia con la que entro es probable que pocos alcancen a leer tan interesante nota ja ja.
En diciembre del año pasado, estando en Colombia, me parece que fue en la Ciudad de Armenia, en un puesto de libros usados donde encontré un libro llamado !Qué viva la música! de Andrés Caicedo. Este libro ya me lo había recomendado una chica guía de un museo de pintura en Bogotá y la amiga de una amiga mía, o sea que un libro dos veces recomendado no debía ser tan malo ¿no? Así que en cuando lo miré de inmediato lo adquirí.
Ya de regreso a mi ciudad me dispuse a leerlo. Confieso que al principio no me gustó mucho. El libro consistía en una larga narración sobre una chica setentera que experimenta el mundo de las drogas y de la música de moda, de aquella época,principalmente en inglés...o sea el libro estaba aburrido ja ja al menos para mi que no soy tan fan de la música en inglés.
Pero un libro recomendado dos veces no podía ser tan malo y aburrido, así que continué leyéndolo y en efecto, la historia se puso mejor cuando el personaje de la chica se rebela de esa atmósfera de música extranjera y se adentra al mundo de la salsa caleña. El ambiente lúgubre y decaído cambió por uno de rumba continua.
Y en ese sentido el libro es muy bueno, porque lo interesante son las sensaciones que se generan. Así como en el libro "El Perfume" que los aromas son la vida de Grenouille (el personaje principal de aquel libro), así en "Qué viva la música", la música es la vida de la chica rubia, narradora principal.
Después de terminar de leerlo, para mí, que la música no eran tan importante, se ha convertido en algo fundamental.
No la canto ja ja pero la bailo y la escucho y lo mejor para mi, siendo muy honesta, es lo que se está haciendo en Latinoamérica.
Y es que en estos territorios la música es resultado de una gran mezcla de culturas, pasando por lo más autóctono hasta lo más actual. Y es que hay tanto por escuchar: la música de banda, huapangos, corridos, boleros, sones jarochos, cumbia, salsa, bachata, son cubano, trova, merengue, socca, calypso, soul, reggae jamaiquino, kaseko, currulao, mapalé, bullerengue, porro, bambuco, la música andina (que no le sé todavía los nombres), cueca, tango, candombe, samba, bossa nova y tantas otras que seguramente estoy omitiendo por desconocerlas. Además, la música autóctona que se sigue produciendo de comunidades indígenas a lo largo del continente y las fusiones que de los ritmos ya mencionados se han hecho con jazz (generando el jazz latino), el rock, la música electrónica, etc.
Ya me extendí demasiado, pero el tema es interesante. Mañana le sigo, o pronto...muy pronto.
En diciembre del año pasado, estando en Colombia, me parece que fue en la Ciudad de Armenia, en un puesto de libros usados donde encontré un libro llamado !Qué viva la música! de Andrés Caicedo. Este libro ya me lo había recomendado una chica guía de un museo de pintura en Bogotá y la amiga de una amiga mía, o sea que un libro dos veces recomendado no debía ser tan malo ¿no? Así que en cuando lo miré de inmediato lo adquirí.
Ya de regreso a mi ciudad me dispuse a leerlo. Confieso que al principio no me gustó mucho. El libro consistía en una larga narración sobre una chica setentera que experimenta el mundo de las drogas y de la música de moda, de aquella época,principalmente en inglés...o sea el libro estaba aburrido ja ja al menos para mi que no soy tan fan de la música en inglés.
Pero un libro recomendado dos veces no podía ser tan malo y aburrido, así que continué leyéndolo y en efecto, la historia se puso mejor cuando el personaje de la chica se rebela de esa atmósfera de música extranjera y se adentra al mundo de la salsa caleña. El ambiente lúgubre y decaído cambió por uno de rumba continua.
Y en ese sentido el libro es muy bueno, porque lo interesante son las sensaciones que se generan. Así como en el libro "El Perfume" que los aromas son la vida de Grenouille (el personaje principal de aquel libro), así en "Qué viva la música", la música es la vida de la chica rubia, narradora principal.
Después de terminar de leerlo, para mí, que la música no eran tan importante, se ha convertido en algo fundamental.
No la canto ja ja pero la bailo y la escucho y lo mejor para mi, siendo muy honesta, es lo que se está haciendo en Latinoamérica.
Y es que en estos territorios la música es resultado de una gran mezcla de culturas, pasando por lo más autóctono hasta lo más actual. Y es que hay tanto por escuchar: la música de banda, huapangos, corridos, boleros, sones jarochos, cumbia, salsa, bachata, son cubano, trova, merengue, socca, calypso, soul, reggae jamaiquino, kaseko, currulao, mapalé, bullerengue, porro, bambuco, la música andina (que no le sé todavía los nombres), cueca, tango, candombe, samba, bossa nova y tantas otras que seguramente estoy omitiendo por desconocerlas. Además, la música autóctona que se sigue produciendo de comunidades indígenas a lo largo del continente y las fusiones que de los ritmos ya mencionados se han hecho con jazz (generando el jazz latino), el rock, la música electrónica, etc.
Ya me extendí demasiado, pero el tema es interesante. Mañana le sigo, o pronto...muy pronto.
lunes, 12 de abril de 2010
La sociedad mexicana disciplinaria
Hace tiempo el intelectual francés Michel Foucault dedicó su vida a estudiar mecanismos que convierten a la gente (principalmente la de europa, que fue lo que estudió)en una sociedad disciplinaria.
Es decir, cómo se generan mecanismos de poder que sirven para condicionar a una población a reaccionar de determinada manera, pero además mantener una vigilancia permanente de la gente para, decirlo de una manera muy clara, que empresas, gobierno, etc. puedan manipular a la población (y lograr así sus intereses específicos).
Podría hablar más de la teoría de Foucault, pero quise empezar con esta pequeña introducción porque tiene mucha relación con la historia que les voy a contar.
Desde hace como 2 años se desató en México, una ola de llamadas telefónicas en las que te decían que un familiar tuyo había sido secuestrado o te amenazaban con secuestrarte para que le dieras dinero al "llamante" o que te ganaste una rifa, etc.
Por otra parte, muchas bandas delictivas utlizaban como medio de comunicación los celulares para robar tal compañía, hacer secuestros express, etc.
Todas estas llamadas se hacían vía celular. Incluso si el secuestrador, ladrón, traficante, era aún posible comunicarse con el exterior gracias a la facilidad de comunicarse por celular.
Es por eso que en las cárceles del país se prohíbe el tanto el uso como hacer llamadas a teléfonos moviles.
Luego ocurre que hace más o menos un año, mi hipótesis es que en el periodo de pánico por lo de la influenza, se les ocurre, a los del poder legislativo, hacer pública una ley que obliga a todos los usuarios de celulares a registrarse en un padrón. Es decir, por "ley" cada persona que tenga un teléfono móvil debe dar su nombre, número de celular y otros datos, como fecha y lugar de nacimiento a la Secretaría de Gobernación para tener un "control" sobre los usuarios. Así, se supone que las llamadas de extorsión, secuestros, etc. "disminuirían".
Llamaron a esta nueva medida "Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvial" (REANUT). Hasta aquí parecía una buena solución. Pero el problema viene cuando sentencian que el usuario que no se registre perderá el derecho a usar la línea telefónica de su móvil.
Además de que durante todo el año que hubo de plazo para registrarse en ese padrón, JAMÁS explicaron el cómo lograrían "la prevención, investigación y persecución de delitos como el secuestro y la extorsión, en los que frecuentemente se utilizan teléfonos móviles".
Es decir durante toda la campaña de registro medios de comunicación y gobierno se dedicaron a destacar la obligatoriedad del trámite y a amenazar con que perderías el derecho al uso de tu número si no lo registrabas.
La campaña les funcionó muy bien. Esto se pudo notar en los últimos días, dado que el plazo venció el sábado pasado cuando miles o quizá millones de usuarios registraron sus números, más por el temor de perder el servicio de telefonía celular, que por la convicción de que dicha medida funcione.
Y tan bien les funcionó la estrategia de apanicar a la gente, que nadie se preguntó que puede hacer el gobierno con todos esos datos. Cuál es la garantía de que esos datos no sean utilizados ahora para extorsiones por parte del Estado o si respetará o no la privacidad de los usuarios y no se intervendrán las líneas telefónicas.
Yo si me quedé con todas esas dudas. Y por eso no pienso mover ni un solo dedo, hasta que el poder legislativo, en vez de amenazar con la cancelación de mi telefóno, me diga cuales son mis garantías como ciudadana.
Porque, ¡vamos! usando un poco el sentido común, cómo puede saber el gobierno que hace 5 minutos se realizó una llamada sobre un falso secuestro. A mi solamente se me ocurre que interviniendo las llamadas, no creen? Y hasta ahora no hay garantía alguna de que con todos esos datos yo no les estoy otorgando el derecho a intervenir mi teléfono.
Imagínense cuántas cosas pueden saber los de gobernación interviniendo las líneas. Ya no sólo se trata de la prevención de secuestros o robos, sino también de saber quienes participan en tal movimientos social, cuando se va a llevar a cabo tal marcha.
Estaremos como en el libro de 1984 de George Orwell. Espiados por un gobierno que todo lo controla, mientras sigamos creyendo como "ciudadanos debemos cumplir la ley" que nos imponen.
Es decir, cómo se generan mecanismos de poder que sirven para condicionar a una población a reaccionar de determinada manera, pero además mantener una vigilancia permanente de la gente para, decirlo de una manera muy clara, que empresas, gobierno, etc. puedan manipular a la población (y lograr así sus intereses específicos).
Podría hablar más de la teoría de Foucault, pero quise empezar con esta pequeña introducción porque tiene mucha relación con la historia que les voy a contar.
Desde hace como 2 años se desató en México, una ola de llamadas telefónicas en las que te decían que un familiar tuyo había sido secuestrado o te amenazaban con secuestrarte para que le dieras dinero al "llamante" o que te ganaste una rifa, etc.
Por otra parte, muchas bandas delictivas utlizaban como medio de comunicación los celulares para robar tal compañía, hacer secuestros express, etc.
Todas estas llamadas se hacían vía celular. Incluso si el secuestrador, ladrón, traficante, era aún posible comunicarse con el exterior gracias a la facilidad de comunicarse por celular.
Es por eso que en las cárceles del país se prohíbe el tanto el uso como hacer llamadas a teléfonos moviles.
Luego ocurre que hace más o menos un año, mi hipótesis es que en el periodo de pánico por lo de la influenza, se les ocurre, a los del poder legislativo, hacer pública una ley que obliga a todos los usuarios de celulares a registrarse en un padrón. Es decir, por "ley" cada persona que tenga un teléfono móvil debe dar su nombre, número de celular y otros datos, como fecha y lugar de nacimiento a la Secretaría de Gobernación para tener un "control" sobre los usuarios. Así, se supone que las llamadas de extorsión, secuestros, etc. "disminuirían".
Llamaron a esta nueva medida "Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvial" (REANUT). Hasta aquí parecía una buena solución. Pero el problema viene cuando sentencian que el usuario que no se registre perderá el derecho a usar la línea telefónica de su móvil.
Además de que durante todo el año que hubo de plazo para registrarse en ese padrón, JAMÁS explicaron el cómo lograrían "la prevención, investigación y persecución de delitos como el secuestro y la extorsión, en los que frecuentemente se utilizan teléfonos móviles".
Es decir durante toda la campaña de registro medios de comunicación y gobierno se dedicaron a destacar la obligatoriedad del trámite y a amenazar con que perderías el derecho al uso de tu número si no lo registrabas.
La campaña les funcionó muy bien. Esto se pudo notar en los últimos días, dado que el plazo venció el sábado pasado cuando miles o quizá millones de usuarios registraron sus números, más por el temor de perder el servicio de telefonía celular, que por la convicción de que dicha medida funcione.
Y tan bien les funcionó la estrategia de apanicar a la gente, que nadie se preguntó que puede hacer el gobierno con todos esos datos. Cuál es la garantía de que esos datos no sean utilizados ahora para extorsiones por parte del Estado o si respetará o no la privacidad de los usuarios y no se intervendrán las líneas telefónicas.
Yo si me quedé con todas esas dudas. Y por eso no pienso mover ni un solo dedo, hasta que el poder legislativo, en vez de amenazar con la cancelación de mi telefóno, me diga cuales son mis garantías como ciudadana.
Porque, ¡vamos! usando un poco el sentido común, cómo puede saber el gobierno que hace 5 minutos se realizó una llamada sobre un falso secuestro. A mi solamente se me ocurre que interviniendo las llamadas, no creen? Y hasta ahora no hay garantía alguna de que con todos esos datos yo no les estoy otorgando el derecho a intervenir mi teléfono.
Imagínense cuántas cosas pueden saber los de gobernación interviniendo las líneas. Ya no sólo se trata de la prevención de secuestros o robos, sino también de saber quienes participan en tal movimientos social, cuando se va a llevar a cabo tal marcha.
Estaremos como en el libro de 1984 de George Orwell. Espiados por un gobierno que todo lo controla, mientras sigamos creyendo como "ciudadanos debemos cumplir la ley" que nos imponen.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Instrucciones para viajes y travesias
Julio Cortazar en un afán digo yo, de indicarnos la manera correcta de llorar o de darle cuerda a un reloj escribió una serie de instrucciones para hacernos la vida más sencilla, sabiendo que los humanos somos tan complicados que a veces podemos pasar horas pensando si acaso el reloj necesita cuerda y para qué nos interesaría que éste caminara.
Cuando empecé a escribir esta entrada (que es de hecho la primera) pensé que podría hacerse algo así para viajes y travesías. Entiendiendo un viaje como el desplazamiento físico de un sitio a otro, creo solamente primordial una cuestión: Lleva siempre una maleta vacía o casi, porque es muy probable que en el camino se te atraviesen cosas que se adhieran a tu vida y si no tienes espacio no las vas a poder llevar.
Emocionalmente ocurre algo parecido; no se puede avanzar cuando traes el alma llena de prejuicios, temores, complejos, etc.
Así que, próxima a emprender varios viajes en mi vida, me he prometido que esta vez iré "sin una red sobre mis alas".
De estos viajes, el primero de ellos, técnicamente el más sencillo, me llevará a un lugar al que siempre he querido ir.
Pero el segundo...no sé a donde me lleve, ni cuando termine...solo sé que es necesario cambiar de ruta, atraverse por fin a saltar.
...Ahí voy...veremos a donde me lleva este camino.
Cuando empecé a escribir esta entrada (que es de hecho la primera) pensé que podría hacerse algo así para viajes y travesías. Entiendiendo un viaje como el desplazamiento físico de un sitio a otro, creo solamente primordial una cuestión: Lleva siempre una maleta vacía o casi, porque es muy probable que en el camino se te atraviesen cosas que se adhieran a tu vida y si no tienes espacio no las vas a poder llevar.
Emocionalmente ocurre algo parecido; no se puede avanzar cuando traes el alma llena de prejuicios, temores, complejos, etc.
Así que, próxima a emprender varios viajes en mi vida, me he prometido que esta vez iré "sin una red sobre mis alas".
De estos viajes, el primero de ellos, técnicamente el más sencillo, me llevará a un lugar al que siempre he querido ir.
Pero el segundo...no sé a donde me lleve, ni cuando termine...solo sé que es necesario cambiar de ruta, atraverse por fin a saltar.
...Ahí voy...veremos a donde me lleva este camino.
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